El olor a libros,
papel y tinta me embargó y enseguida me encontré cómoda en un espacio
desconocido. Al fondo del local, el anciano que me saludaba con la mano cada
vez que me detenía delante del escaparate, despejaba
el mostrador con sumo cuidado, de libros, que por los materiales empleados en
la encuadernación y la serigrafía dorada que los adornaba, debían pertenecer a ediciones del siglo XIX. Piezas de
coleccionistas.
Caminé expectante
entre las dos filas de mesas dispuestas en paralelo llenas de ejemplares de
publicaciones recientes. Las estanterías eran de madera barnizada igual que el
mostrador y el escritorio de la izquierda y los dos sillones orejeros tapizados
en azul oscuro. La librería era una reliquia con más de un siglo en su haber.
-Te impresionas fácilmente o eres
sensible a una época que por edad no viviste -el anciano se quitó los guantes
de látex manipulaba los libros antiguos.
-Delante de joyas antológicas como su librería
solo puedo asombrarme admirada -me acerqué al mostrador aligerando el paso -.
¿Cuándo se inauguró?
-En 1899. Aún no había nacido -se rió ante su propio comentario -lo hice treinta y cinco años después ahí detrás -señaló
la cortina de terciopelo azul que había a su espalda cubriendo la entrada a la
trastienda-. Mi madre se puso de parto un mes antes de lo previsto y no hubo
tiempo de avisar a la partera. En veinte minutos y con la asistencia de mi
asustado padre llegué al mundo entre montones de libros. Como ves, mi vida
está ligada a "El hidalgo" desde que abrí los ojos entre sollozos.
Con un poco de suerte mi biznieta -miró hacia la joven que pasaba el plumero
por las estanterías- me tomará el relevo. Ninguno de mis hijos ni de mis nietos
han mostrado el interés de Sofía por perpetuar la difusión de la sabiduría
-otra sonrisa asomó a su boca -Elegí su nombre... Dejando el solidoquio para
otro momento que espero me concedas, ¿en qué puedo ayudarte?
-Busco un libro, "Memorias de
una jeta". La autora es Cintia Aurora María Van Heley de Haut. Podría
haberse publicado hace pocas semanas.
-No me resulta familiar, aunque si la
publicación es tan reciente es posible que esté en fase de distribución aún
-extrajo de un cajón bajo el mostrador un bloc y anotó de memoria los datos que
le había facilitado del tirón-. Deja que haga algunas consultas. Si el libro ha
salido a la venta cuenta con tener un ejemplar en "El hidalgo".
-Le agradezco...
-Alonso
Quijano al servicio de tus inquietudes literarias -me ofreció una mano con
arrugas que contaban su historia. Cuando la estreché sonriendo por la sorprendente coincidencia de que el librero llevara
el mismo nombre que el caballero de la triste figura, puso la otra mano encima
de la mía en un gesto afectuoso.
-Me hospedo en el hostal de Cándida.
-Asintió con la cabeza como si ya lo
supiera.
-Mañana al mediodía tendré una
respuesta. Te espero.
Asentí satisfecha con la cabeza.
La carga genética de maldad es preocupante.
ResponderEliminarHeleente tiene tanta carencias en su vida que necesita llamar la atención con las peores acciones porque por si misma no podría.
Siento que fueras su víctima... una vez más.
Un beso.
Está desequilibrada.
ResponderEliminarAhora me da pena.
Un beso.
Sancha.